El lado oscuro de las prácticas laborales obligatorias en escuelas de CABA

El lado oscuro de las prácticas laborales obligatorias en escuelas de CABA

Una investigación de Gabriel Sánchez Sorondo

El gobierno porteño impuso a los alumnos que cursan quinto año del secundario una carga horaria obligatoria y no rentada de trabajo presencial en empresas privadas y dependencias públicas, como Policía de la Ciudad o Higiene Urbana. La medida, establecida por decreto, viola la propia ley de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. A su vez, pone a los menores en lugares no preparados para recibirlos, sin docentes que los acompañen y sin la autorización habitual que se les pide a los padres por escrito para trasladarlos fuera del edificio escolar. A estos perjuicios se suma el deterioro formativo a partir de la pérdida irrecuperable de clases correspondientes a materias curriculares como Matemática e Historia, cuyas horas fueron reemplazadas por el trabajo de los menores que en algunos casos se realiza a varios kilómetros del establecimiento escolar en el que fueron inscriptos y deberían concurrir según la ley vigente.

La situación desató profunda inquietud en la comunidad educativa y despertó rechazos en distintos ámbitos, incluyendo gremios docentes, Asesoría Tutelar de Menores, centros de estudiantes y la propia Legislatura de la Ciudad. ¿Puede el Ministerio de Educación porteño violar la ley por decreto? ¿Qué opinan los funcionarios, los docentes y los propios alumnos? Télam consultó a las distintas partes involucradas y volcó sus testimonios en este informe.

Foto: Prensa.

Las prácticas laborales impuestas a los alumnos del último nivel secundario de la Ciudad de Buenos Aires se estrenaron en abril, en el actual ciclo lectivo con un pomposo título.

Bajo amenaza de incumplir con “una materia curricular” (eso se les informa) chicos y chicas de distintos colegios, en lugar de asistir a clase, empezaron a cumplir las 120 horas que implica las ACAP fuera del colegio.

Lo hacen en un ámbito no preparado para recibirlos, restando horas curriculares de materias como Historia, Filosofía y Matemática, sin presencia de docentes, ni autorización específica de los padres, que en cambio sí se pide “y con 48 horas de anticipación” ante cualquier actividad fuera del edificio del colegio.

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Prácticas con los proveedores de CABA

Algunos de los casos concretos de ACAP detectados hasta ahora corresponden a la Escuela Normal Superior Nº 1 Pte. Roque Sáenz Peña, Liceo 9 Santiago Derqui, Escuela Superior de Educación Artística (ESEA) N° 1, Instituto de Enseñanza Superior en Lenguas Vivas Juan Ramón Fernández, Comercial N° 5 José de San Martín, Escuela de Comercio N°12 de Villa Lugano, y la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas Sofía Esther Broquen de Spangenberg. Télam recabó, de entre estos grupos, algunos testimonios de alumnas y alumnos.

“Vamos dos veces por semana a la Cámara Argentina de Concesionarios de Servicios de Comedores y Refrigerios (CACYR) en la calle Solís. Hicimos un curso de manipulación de alimentos, recibimos unas charlas y diseñamos una dieta como para un deportista vegano. No nos acompañó ningún docente, íbamos por nuestra cuenta. En CACYR tampoco había docentes, sí coordinadores de ACAP”, comentó Oliverio, del Lengüitas, consultado por este medio.

Casualmente, CACYR nuclea a las empresas que se ocupan del servicio de comedores escolares en la Ciudad. Una de ellas, en particular, recibió denuncias el año pasado, tanto por la calidad como por el sobreprecio de esas viandas pagado con erario público. Además, según denuncian desde la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE), el convenio ACAP esconde cláusulas que favorecerían a dichas empresas para seguir ganando las licitaciones de comedores escolares.

Las legisladoras Myriam Bregman y Alejandrina Barry lograron, reclamo mediante, un fallo que obligó al gobierno de la ciudad a que el servicio contratado brinde una comida saludable. Barry, por su parte, acaba de presentar un proyecto de ley en la Legislatura para derogar las ACAP y también dio su opinión a Télam en el marco de esta investigación.

Foto: Alumnos del Yrurtia se manifiestan en la calle contra las Prácticas Obligatorias. / Foto: Prensa Diputada Barry.

Aún con esos antecedentes, CACYR fue elegida por el gobierno porteño para dar cátedra a los alumnos sobre el ítem: “Por ahora lo que venimos haciendo es asistir a charlas con una Licenciada en Nutrición que se dedica a atender en consultorio y a supervisar la producción de sistemas de alimentación en hospitales, escuelas y colonias”, completa Justino, del mismo colegio.

“Siempre nos trasladamos por nuestra cuenta, y al llegar nos toman lista; si no vas, te pasan la falta. Esto es algo impuesto, no podemos elegirlo; estar en las ACAP es como estar en el colegio. Preferiría que en vez de ser obligatorias fueran optativas; a partir de tercer año nosotros cursamos una especialidad, sería bueno poder dedicar esas horas a algo relacionado con lo que cada uno eligi” apunta, por su parte, Julieta.

Más ACAP que Historia, Matemática o Filosofía

“Nosotros empezamos a ir el 21 de abril. Por el momento sólo tuvimos clases y cursos teóricos de prácticas de manufactura. Vamos cinco horas semanales, los martes y jueves. Hay contradicciones sobre la evaluación de la cursada, ya que no se sabe cómo se va a hacer ni si se puede desaprobar. Además, las horas de Historia y Filosofía, entre otras materias en cuyo horario vamos a las ACAP, no se recuperan, pero sí se siguen evaluando los contenidos”, señala Francisco, también del Lengüitas.

Su testimonio despierta nuevas preguntas: ¿Se está reduciendo el programa para dar lugar a estas prácticas? ¿Qué materias se sacrifican? Francisco lo explica: “Al no haber forma de reemplazar las horas presenciales perdidas, los docentes se pusieron de acuerdo para enviar contenidos a través de la plataforma Classroom: si no, no podríamos aprobar. Pero esto no es visto como una solución. Además de algunas horas de Química, matemática y francés, perdemos todas las horas de Filosofía, historia y Educación Física”.

Otro asunto es el de las autorizaciones: “Ningún padre firmó ni tuvo que dar aprobación; el traslado (ida y vuelta) es independiente, vamos por nuestra cuenta”, dice Fran, y espontáneamente agrega: “Al ser un programa piloto, parece haber bastante incertidumbre, los trabajadores que están en las ACAP tampoco tienen un panorama tan claro, recibimos información a medida que se va desarrollando el programa”.

En muchos casos los chicos deben trasladarse a varios kilómetros del edificio escolar al que deberían concurrir.
Los trayectos que deben recorrer los estudiantes de forma obligatoria para ir “a trabajar”.

“Desarrollar nuevas capacidades” en Rappi

El plan en cuestión se puso en marcha con miras a alcanzar a 29.400 chicos de 442 establecimientos educativos en CABA que, en primera instancia se planificaron en 20 escuelas para 2022. Las prácticas contemplan una duración de 120 horas cátedra que se distribuirán a lo largo del año.

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Según promociona la página web de la ciudad, las ACAP les permitirán a los estudiantes “desarrollar nuevas capacidades, tomar decisiones con autonomía, y estimular su creatividad, su pensamiento crítico y su potencial de trabajar en equipo”.

En esa línea, el propio Rodríguez Larreta señaló al presentar el plan, a comienzos de mayo: “Si hoy los chicos no salen de la escuela preparados para encontrar un trabajo en esta nueva modalidad, un trabajo que los apasione y les guste, va a ser muy difícil que desarrollen su potencial y que colaboren al crecimiento que necesita nuestro país”.

El carácter obligatorio y desde luego no rentado que el Gobierno de la Ciudad les impuso a las prácticas violando una norma vigente, es el principal eje del problema, pero no el único.

Foto: Victoria Egurza.

¿Quién garantiza que estos espacios están diseñados para recibir adolescentes? ¿Quién y cómo va a evaluar el desempeño estudiantil en un marco no educativo? ¿Cómo recuperarán las horas perdidas de Matemática, Historia, Filosofía que hoy se les quitan para ir a un espacio no escolar?

Otro asunto son las prácticas en sí, que varían según los colegios, pero hasta ahora parecen centrarse en temas gastronómicos. Respecto de esto, Laura Marrone, ex legisladora porteña e integrante de Ademys dijo: “No le sirve a un estudiante aprender a hacer sándwiches en una casa de comidas o preparar los pedidos de Rappi en un centro para entregar a los repartidores como ya está ocurriendo en el Comercial 5, por señalar algunos ejemplos”.

En el mismo sentido, Marrone destaca que un proyecto potencialmente válido de vinculación con el mundo del trabajo “requeriría un diseño pedagógico planificado por las propias escuelas, vinculado a la orientación de las mismas, a cargo de sus docentes. Pero eso no está en el interés privado de los empresarios”.

Concurrir bajo amenaza

Otras empresas con las que el ministerio de Educación firmó convenio para las prácticas laborales son Accenture, Megatlon, Infobae, Byma y Banco Galicia y, más recientemente, la cadena hotelera Wyndham, hecho celebrado por la ministra Acuña en su Twitter.

Pero el fulgor de las marcas, sin duda reconocibles, no garantiza el éxito pedagógico, o acaso genera un efecto adverso, según testimonian los propios protagonistas: “Desde el 2 de mayo, vamos a Infobae donde supuestamente haríamos tareas de edición de contenidos y aprenderíamos a presentar noticias. Un poco irónico porque Infobae es la reina madre de las fake news y los títulos engañosos, señalaba semanas atrás Ramiro Orgueira, del centro de estudiantes del Liceo 9 Santiago Derqui, en diálogo con el sitio web “El Grito del Sur”.

Por su parte, Amparo López, alumna de 5° y presidenta del Centro de Estudiantes del IES “Juan Ramón Fernández” destaca el conflicto grave de combinar las horas perdidas de materias curriculares sumada a la obligatoriedad: “Si no vas a la pasantía o a los cursos desaprobás todo el año”.

Otras flamantes ideas conjugan gestión porteña con pasantías para los adolescentes: en la Policía de la Ciudad, gracias al convenio suscripto este 14 de junio, para “colaborar en la formación de los jóvenes y acompañarlos en la construcción de su futuro”, según propone el video promocional. O en el área de Higiene Urbana para que, en palabras de la propia Acuña, “integren, complementen y profundicen sus capacidades”. Todo responde a una coherencia irrefutable: ¿A qué perder tiempo estudiando Filosofía o Historia cuando se puede aprender a vigilar o a limpiar veredas?

Qué dice la ley y cómo la evade el ejecutivo porteño

En 2010, la Ciudad promulgó la ley 3.541 “Sistemas de prácticas educativas pre profesionales”, que regula las pasantías escolares. El artículo 2° de esa norma señala expresamente que estas deberán ser “actividades formativas con carácter no obligatorio”.

¿Cómo evadió el Ministerio de Educación porteño una salvedad tan específica? Télam deshilvanó el intrincado camino judicial en torno de la situación que no deja de generar conflictos y conversó con las distintas partes involucradas, empezando por el Asesor Tutelar, Gustavo Moreno e incluyendo a los propios alumnos.

En resumidas cuentas, como ocurre con ciertas causas en la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el Ejecutivo de CABA logró “dormirla” en una instancia análoga, pero en su jurisdicción: el Tribunal Superior de Justicia. Por este motivo, el propio Asesor Tutelar presentó un oficio, a fin de movilizar dicho expediente.

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